A poco más de un mes del inicio del Mundial 2026, la FIFA atraviesa una situación inédita en uno de los mercados más grandes del planeta. Las negociaciones por los derechos televisivos en China continúan estancadas y todavía no hay un acuerdo cerrado con ningún canal local. La situación contrasta con lo ocurrido en mundiales anteriores, donde la cadena estatal CCTV ya tenía la cobertura asegurada con varios meses de antelación.
El conflicto gira en torno al precio que reclama el organismo internacional, considerado excesivo por las autoridades chinas. La distancia entre las partes generó una parálisis comercial que afecta a marcas, plataformas digitales y anunciantes. La pelota, por ahora, sigue dando vueltas sin una definición clara. Y el reloj corre en contra de un mercado que históricamente fue clave para el negocio del torneo.
¿Por qué China podría no transmitir el Mundial 2026?
Por primera vez en cuatro décadas, los hinchas chinos podrían quedarse sin una transmisión oficial gratuita del torneo más importante del fútbol. La situación se da en primer lugar por las tensiones entre la estrategia comercial agresiva de la FIFA y los límites que comienzan a marcar los grandes mercados asiáticos. Detrás del conflicto se cruzan factores económicos, políticos y deportivos que explican por qué un acuerdo que solía cerrarse con anticipación ahora se demora.
El núcleo de la disputa es el monto que pretende cobrar la FIFA por los derechos en territorio chino. Según informaron medios locales, la oferta inicial del organismo se ubicó entre 250 y 300 millones de dólares, una cifra que prácticamente duplica lo abonado en Qatar 2022. Tras varias rondas de negociación, el precio bajó a un rango de 120 a 150 millones de dólares. El presupuesto que maneja CCTV oscila entre 60 y 80 millones, una diferencia que todavía resulta difícil de saldar.
La cadena pública es el único agente autorizado para negociar derechos de grandes eventos internacionales en China continental. Esa exclusividad le permite resistir la presión sin que otras plataformas como Migu o Douyin puedan competir directamente. Luego es la propia cadena la que le vende los derechos al resto de la competencia. Es decir que para negociar, la FIFA debe si o si ponerse de acuerdo con un único oferente, que en este caso es el estado chino.
La FIFA justifica el aumento por la ampliación del torneo, que ahora reúne a 48 selecciones y se extiende a 104 partidos en 39 días. Las autoridades chinas no comparten ese razonamiento. Consideran que muchos de los nuevos cruces son de bajo nivel competitivo y que diluyen el valor del producto. Además, la ausencia de la selección china por sexta edición consecutiva debilita el atractivo emocional del torneo en el mercado interno. El otro gran factor sensible es el huso horario: los partidos en territorio norteamericano se verán de madrugada en China, lo que limita la audiencia en vivo y la posibilidad de monetizar publicidad.
Los precios fijados a otros mercados también encendieron la polémica, lo que generó también un fuerte malestar entre los negociadores chinos. La FIFA pidió a India apenas 35 millones de dólares por dos ediciones del torneo, una cifra que la propia autoridad india también rechazó. A Brasil le cobra alrededor de 110 millones, a Japón unos 200 millones y a Francia cerca de 150 millones. El monto exigido a China supera ampliamente esas referencias. Lo cierto es que CCTV venía de pagar cerca de 200 millones de dólares por los derechos del Mundial de Qatar, y en la edición anterior la cadena logró rentabilizar la inversión a través de la distribución a plataformas digitales. Esta vez, el escenario publicitario cambió: los ingresos por anuncios del torneo en 2022 fueron de unos 50 mil millones de yuanes, pero los márgenes reales de ganancia resultaron mucho menores tras descontar costos operativos. Y para esta edición la cadena estima ingresos sensiblemente por debajo de lo facturado en 2022 que justifiquen la inversión.
La postura actual de CCTV frente a la FIFA tiene un antecedente directo y reciente. En septiembre de 2024, la cadena estatal había hecho público un comunicado durísimo en el que explicaba por qué no transmitiría los partidos de la selección china en la tercera ronda de las eliminatorias asiáticas. La declaración apuntaba contra la Asian Football Group (AFG), empresa designada por la AFC para comercializar los derechos del torneo. CCTV aseguró que tras varias rondas de negociación, los valores ofrecidos resultaron “extremadamente desproporcionados” y rechazó la operación.
Aún así, el impacto del conflicto excede a las partes que negocian. Las marcas chinas son piezas clave en el ecosistema económico de la FIFA, que para el ciclo 2023-2026 proyecta ingresos por 11 mil millones de dólares. En Qatar 2022, las empresas chinas aportaron casi 1.400 millones de dólares en patrocinios, lo que las convirtió en el mayor bloque de inversión publicitaria del torneo. Para 2026, compañías como Hisense, Wanda, Mengniu y Lenovo ya comprometieron más de 500 millones de dólares en acuerdos comerciales. Sin transmisión local, el valor de exposición de esas marcas se ve afectado. Los anunciantes que suelen invertir entre tres y cuatro meses antes del Mundial todavía no pudieron activar sus campañas. Las plataformas digitales también esperan novedades para definir sus estrategias de contenido.
Como contamos, la FIFA también enfrenta dificultades en India, donde la oferta del joint venture entre Reliance y Disney quedó muy por debajo de las expectativas iniciales del organismo. En total, la entidad ya cerró acuerdos en más de 175 territorios, pero los dos mercados asiáticos más poblados siguen sin definirse. Las proyecciones de los especialistas chinos apuntan a un acuerdo de último momento en torno a los 80 a 100 millones de dólares., ya que consideran improbable que la FIFA renuncie por completo al mercado chino, que representa entre el 6 y el 7,5 por ciento de sus ingresos globales por derechos audiovisuales.
Sin embargo, el desenlace de la negociación marcará un precedente para futuros ciclos. Si CCTV mantiene la firmeza, podría cambiar la lógica con la que se valorizan los grandes eventos deportivos en el continente. La pulseada continúa con el reloj a favor del que aguante más.

