Mehdi Taj, presidente de la Federación Iraní de Fútbol, confirmó este viernes en la televisión estatal que Irán participará del Mundial 2026. Pero no sin condiciones. Enumeró 10 exigencias que deben cumplir los países anfitriones para que la selección viaje a Norteamérica. Y una advertencia: si una de estas condiciones no se cumplen, “existe la posibilidad de que la selección regrese al país” en pleno torneo.
El anuncio llega después de dos meses de tensión. En marzo, el ministro de Deportes Ahmad Donyamali había dicho que Irán “no tenía condiciones” para ir al Mundial. Y la semana pasada, al propio Taj le revocaron la visa canadiense en pleno vuelo a Toronto, cuando viajaba al Congreso FIFA en Vancouver junto al secretario general y el vicesecretario de la federación. Canadá confirmó que la revocación fue por los vínculos de Taj con la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), designada organización terrorista tanto por Canadá como por Estados Unidos.
Las 10 condiciones
En su aparición televisiva, Taj detalló los 10 puntos que exige Irán para participar:
- Visas garantizadas para todos los jugadores y cuerpo técnico, incluyendo quienes cumplieron servicio militar obligatorio en la IRGC. Nombró específicamente a Mehdi Taremi y Ehsan Hajsafi.
- Respeto al personal de la selección en todo momento.
- Respeto a la bandera oficial de la República Islámica. La exigencia apunta a evitar el uso de la bandera de la era del Shah, adoptada por sectores opositores en el exterior como símbolo de rechazo al gobierno islámico y reivindicación de Reza Pahlavi.
- Himno nacional tocado “correcta e ininterrumpidamente” en cada partido.
- Máxima seguridad en aeropuertos, hoteles y rutas hacia los estadios.
- Solo banderas oficiales reconocidas en los estadios.
- Prohibición de críticas políticas al equipo.
- Prohibición de insultos a instituciones oficiales y militares iraníes.
- Preguntas de periodistas limitadas a temas futbolísticos.
- Reconocimiento oficial de los símbolos de la República Islámica.
Las condiciones 1 y 8 son las más explosivas. Taremi y Hajsafi, dos de los jugadores más importantes de la selección, cumplieron el servicio militar en la IRGC. Eso los convierte, formalmente, en ex integrantes de una organización terrorista para el país donde van a jugar sus tres partidos de fase de grupos: Los Ángeles (16 y 21 de junio) y Seattle (27 de junio). El secretario de Estado norteamericano Marco Rubio ya respondió: los futbolistas son bienvenidos, pero “no pueden traer un montón de terroristas de la IRGC a nuestro país y pretender que son periodistas y entrenadores”.
La trampa diplomática
Taj dejó una frase que explica la estrategia. “Vamos a un Mundial organizado por la FIFA, no por Trump ni por Estados Unidos”. La intención es negociar directamente con FIFA, saltando al gobierno norteamericano. Pero varias de las condiciones que puso dependen exclusivamente de decisiones de Washington, no de Zúrich. Las visas las otorga el Departamento de Estado. La seguridad en suelo estadounidense la garantiza el gobierno federal. FIFA puede prometer, pero no puede cumplir sin la cooperación de un gobierno que tiene a la IRGC en su lista de organizaciones terroristas desde 2019.
FIFA ya movió fichas. Tras la declaración de Gianni Infantino en el Congreso de la FIFA, dónde confirmó unilateralmente la participación iraní, el secretario general Mattias Grafstrom envió una carta expresando “pesar” por lo ocurrido en Canadá e invitó a la delegación persa a una reunión en la sede de Zúrich antes del 20 de mayo. Infantino reiteró que Irán jugará sus partidos en EEUU como estaba programado. Pero la FIFA se encuentra en la misma posición que en marzo, cuando llegó a estudiar mudar los partidos de Irán a México: prometiendo cosas que solo los gobiernos anfitriones pueden garantizar.
El antecedente inmediato pesa. Trump le dijo a Irán en marzo que era “bienvenido” al Mundial pero que su presencia “no era apropiada” por su propia seguridad. La cuenta oficial de la selección iraní respondió vía Instagram tagueando a FIFA e Infantino, invirtiendo el argumento: si el anfitrión no puede garantizar seguridad, el excluido debería ser el anfitrión. Ahora Taj formalizó esa lógica en 10 puntos concretos.
La reunión de Zúrich, prevista para antes del 20 de mayo, será la última oportunidad de alcanzar un acuerdo antes de que el calendario apriete. El campo base de Irán ya está asignado en Tucson, Arizona. Los rivales del Grupo D (Nueva Zelanda, Bélgica, Egipto) ya tienen su planificación cerrada. Si Taj viaja a Suiza y FIFA no le consigue garantías firmes de Washington, las 10 condiciones pueden convertirse en los 10 motivos de la primera baja política del torneo.
Al final del día, todo está atado al desarrollo de la guerra o a un hipotético acuerdo de paz entre Estados Unidos, Israel e Irán. Al vaivén de esas negociaciones se entienden las idas y vueltas de la participación iraní en el Mundial.

