Gabriele Gravina anunció su renuncia como presidente de la FIGC dos días después de que Italia perdiera ante Bosnia y Herzegovina en los playoffs de la UEFA y quedara fuera del Mundial 2026. Es la tercera eliminación mundialista consecutiva de la Azzurra, y la segunda bajo su gestión.
La renuncia no fue espontánea. El ministro de Deportes Andrea Abodi había pedido públicamente su cabeza: “Personalmente voy a pedirle a Gravina que renuncie. Abete y Tavecchio se fueron después de sus fracasos porque tenían dignidad”. También amenazó con una intervención del CONI si la federación no tomaba medidas. Senadores de la coalición de gobierno y de la oposición enviaron peticiones formales a Giorgia Meloni exigiendo la salida.
Gravina llegó a la FIGC en 2018 con el objetivo de reconstruir al fútbol italiano después de la primera eliminación mundialista. Ganó la Eurocopa 2021, logró una reelección con el 98,8% de los votos en 2025, y ocho meses después terminó su gestión con otro fracaso de igual magnitud. El partido que selló su suerte fue la derrota en Zenica: 1-1 tras 120 minutos, caída 5-2 en penales.
El 8 de abril, Gravina comparecerá ante la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados para presentar un informe sobre la situación del fútbol italiano. La Asamblea Extraordinaria que elegirá a su sucesor está fijada para el 22 de junio en Roma.
Entre los candidatos más mencionados aparece Giovanni Malagò, ex presidente del CONI y uno de los artífices del éxito de las Olimpiadas de Invierno de Milano-Cortina 2026, con el apoyo de la Serie A. También suenan Giancarlo Abete, que ya fue presidente entre 2007 y 2014, y Demetrio Albertini, candidato preferido por los futbolistas.


