El partido entre Independiente Medellín y Flamengo por la fecha 4 del Grupo A de la Copa Libertadores 2026 duró menos de 3 minutos. Desde la tribuna norte del Atanasio Girardot, cientos de hinchas vestidos de negro lanzaron bengalas, pirotecnia y objetos al campo de juego apenas sonó el silbato inicial. El árbitro venezolano Jesús Valenzuela ordenó a los jugadores retirarse a vestuarios. Más de 80 minutos después, la CONMEBOL confirmó la cancelación definitiva.
Lo que las cámaras internacionales mostraron como un brote de violencia fue, en realidad, una protesta organizada. Los hinchas no apuntaban contra Flamengo. “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”, cantaban, con el mensaje dirigido a la dirigencia del club y, particularmente, a su máximo accionista: Raúl Giraldo.
El detonante: billetes en la cara de la tribuna
Todo estalló el domingo 3 de mayo, cuando el DIM fue eliminado de la Liga BetPlay al caer 2-1 contra Águilas Doradas en su propio estadio. Pero lo que encendió la mecha no fue el resultado, sino lo que vino después.
Raúl Giraldo, máximo accionista del club desde 2014, bajó a la cancha tras el pitazo final y, frente a una tribuna que lo insultaba, levantó los puños en gesto desafiante. Después sacó un fajo de billetes y se los mostró a los hinchas. Los jugadores Didier Moreno y Daniel Cataño intentaron sacarlo del campo, pero Giraldo se los quitó de encima. El video se viralizó en minutos.
Al día siguiente publicó un video de disculpas y anunció que “daría un paso al costado”. Pero el paso al costado fue solo renunciar a la representación legal del club. Giraldo sigue siendo el dueño. No vendió las acciones ni dejó el poder real. La hinchada lo interpretó como una burla más, y 4 días después llevó su respuesta al Atanasio.
La hinchada de Independiente Medellín suspende el partido contra Flamengo por la Libertadores. Es en respuesta a Raúl Giraldo, dueño del DIM. Tras la eliminación en la liga, Giraldo festejó la derrota ante Águilas Doradas e insultó y les mostró billetes a los hinchas. Fútbol SAD. pic.twitter.com/YIi9yMUxJL
— Roberto Parrottino (@rparrottino) May 8, 2026
Giraldo llegó al fútbol desde el retail. Junto a su cuñado Tulio Gómez, hoy dueño del América de Cali, fundó la cadena de supermercados Superinter, que vendieron al Grupo Éxito en 2014. Con ese capital compró el DIM, que en ese momento estaba al borde de la quiebra con deudas de más de 6.000 millones de pesos colombianos (unos 1,5 millones de dólares al cambio de entonces). Durante su gestión, el club llegó a 10 finales y ganó 3 títulos: la Liga Apertura 2016, y las Copas Colombia 2019 y 2020.
Pero el último título de liga tiene una década. Desde entonces, el DIM acumuló 13 subcampeonatos, incluyendo finales perdidas consecutivas en 2022, 2023 y 2025. Y Giraldo viene anunciando la venta del club desde 2020, con supuestos interesados internacionales que nunca se concretaron. Para los hinchas, son cortinas de humo de un dueño que gestiona al Poderoso como un negocio y nada más.
Una Libertadores en llamas
El DIM llegó a esta fecha 4 con 4 puntos en el Grupo A, tercero pero todavía con chances de clasificar a octavos. Los propios hinchas se encargaron de destruir esa posibilidad. Con la derrota administrativa que se espera (0-3 a favor de Flamengo), la clasificación se vuelve prácticamente imposible.
Pero eso es exactamente lo que los manifestantes buscaban. Sabotear la campaña internacional del club como forma de presión máxima contra Giraldo. El costo: sanciones de CONMEBOL que podrían incluir multas económicas, al menos 3 partidos internacionales a puertas cerradas y la posible inhabilitación del Atanasio Girardot para competencias continentales.
Frank Fabra intentó mediar con el árbitro y con Flamengo para salvar el partido, pero no había condiciones de seguridad. La policía tuvo que reforzar posiciones para evitar la invasión de cancha, y por altavoces se ordenó la evacuación del estadio.
El Tribunal Disciplinario de la CONMEBOL definirá las sanciones en los próximos días. Lo que ya está definido es que la fractura entre la hinchada y la dirigencia del DIM llegó a un punto sin retorno. Para echar al dueño, están dispuestos a sacrificar la campaña internacional del equipo que aman.

