La AFC cerró este martes el capítulo deportivo de uno de los fraudes más burdos en la historia del fútbol asiático. La confederación anuló las dos victorias de Malasia en la clasificación para la Copa Asia 2027 y las convirtió en derrotas 0-3: la que había sido una victoria 4-0 ante Vietnam, y la que marcaba 2-0 contra Nepal. La consecuencia es directa: Malasia queda eliminada del torneo y Vietnam, víctima original del fraude, clasifica a la Copa Asia 2027.
La Federación de Malasia (FAM) había construido una selección de papel. Entre 2024 y 2025, incorporó a 7 jugadores nacidos en Argentina, Brasil, España y Países Bajos a través de un proceso de naturalización que no tenía ninguna base real: sus familias no tenían vínculo alguno con Malasia. Para sortear ese problema, la federación falsificó los documentos de elegibilidad.
La abuela de Caseros que supuestamente nació en Malasia
El método que empleó la FAM era tan específico como inverosímil. Para acreditar que los futbolistas tenían ascendencia malaya, la federación presentó certificados de nacimiento falsificados de sus abuelos, documentos que los hacían aparecer como nacidos en territorio malayo. La idea era que, con solo acreditar el origen de los familiares, la FIFA no iría mas allá y aceptaría la descendencia como válida.
Sin embargo, la historia no se detuvo ahí. Los casos están documentados. El expediente de Imanol Machuca, mediocampista de Vélez Sarsfield, incluía un certificado que indicaba que su abuela había nacido en Malasia. En realidad, nació en Roldán, provincia de Santa Fe. En el caso de Rodrigo Holgado, el documento afirmaba que su abuelo era malayo, cuando en realidad nació en Caseros, Buenos Aires.
La FAM no buscó jugadores con lazos ancestrales reales con el país. Fabricó esos lazos uno por uno, con la facilitación de una agencia de representación de jugadores involucrada junto a parte de la Federación.
Los 7 jugadores sancionados son Facundo Garcés (Deportivo Alavés), Rodrigo Holgado (América de Cali), Imanol Machuca (Vélez Sarsfield), el brasileño João Figueiredo, los españoles Jon Irazabal y Gabriel Arrocha, y el neerlandés Héctor Hevel. Tres de ellos jugaban en el Johor Darul Ta’zim (JDT), el club más poderoso de Malasia, propiedad del príncipe heredero de Johor, lo que da una dimensión sobre el nivel institucional de la operación.
La federación malaya había invertido 30 millones de ringgit (alrededor de 6,7 millones de dólares) solo en 2025 en su programa de naturalización.
El TAS confirmó las sanciones, la AFC tardó cinco meses en aplicarlas
FIFA investigó los documentos y en septiembre de 2025 aplicó las sanciones: 12 meses de suspensión para los 7 jugadores, sin posibilidad de entrenar ni jugar amistosos, y una multa de 350.000 francos suizos (unos 392.000 dólares) a la FAM.
La federación malaya apeló al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS). El 5 de marzo de 2026, el panel dictó su fallo desde Lausana: la suspensión de 12 meses se mantiene y la multa también. La única modificación fue el alcance: los jugadores ahora pueden entrenar con sus clubes y participar en amistosos, pero siguen inhabilitados para partidos oficiales. El tribunal los calificó como “cómplices responsables” y consideró la pena “razonable y proporcionada”.
Con el crédito del período ya cumplido entre septiembre de 2025 y enero de 2026, Machuca, Garcés y Holgado tienen aún aproximadamente 8 meses por delante sin poder disputar partidos oficiales.
La FIFA había dictaminado en octubre de 2025 y la AFC recién actúa en marzo de 2026, cinco meses después. Esa demora fue señalada públicamente por la prensa vietnamita y analistas regionales que cuestionaron por qué los resultados deportivos siguieron valiendo durante meses pese a que el fraude ya estaba probado.
Vietnam, que había perdido ese 0-4 contra Malasia en junio de 2025, clasifica a su tercera Copa Asia consecutiva. El escándalo deja a Malasia con una derrota deportiva y una mancha institucional que va más allá del resultado: la FAM gastó millones en un programa de naturalización que terminó inhabilitado, con la selección fuera del torneo, y la sospecha de que el fraude tuvo respaldo en las más altas esferas del fútbol malayo.

