El equipo más pequeño del Mundial estuvo a nueve minutos de llevar al campeón vigente a los penales. Cabo Verde, un archipiélago de 530 mil habitantes que juega su primer torneo, empató dos veces el partido y obligó a Argentina a ganarlo en el tiempo suplementario. Terminó 3-2 para la Selección, pero el trámite dejó una postal que nadie esperaba: los Tiburones Azules mirando de igual a igual al último campeón del mundo durante 120 minutos.
El guion parecía encaminado temprano. A los 29 minutos, Lionel Messi apareció detrás de la defensa tras una habilitación de Lisandro Martínez y definió de cara al arco para el 1-0. Con el campeón adelante y el favoritismo intacto, todo indicaba un trámite controlado. Pero Cabo Verde no había venido a Miami a acompañar.
A los 59 minutos, Deroy Duarte sacó un remate potente y lo empató. El 1-1 aguantó hasta el final de los 90 y empujó el partido al alargue, un territorio que ninguna previa había imaginado para el choque entre el equipo de Messi y el debutante africano.
Dos veces arriba, dos veces alcanzado
En el arranque del tiempo extra, a los 92 minutos, Lisandro Martínez volvió a poner a Argentina en ventaja con una definición de segundo palo tras un córner. El 2-1 parecía el golpe definitivo. No lo fue. A los 103, Sidny Lopes Cabral tomó la pelota en el borde del área y clavó un remate curvado, imposible para el arquero, que devolvió la igualdad y desató la ilusión completa de la gesta.
Cabo Verde estuvo empatado 2-2 con el campeón del mundo a menos de veinte minutos del final. La eliminación por penales, un escenario que habría sido inédito, se asomaba de verdad. Recién a los 111 minutos Argentina rompió el cerco: Cristian Romero cabeceó un córner servido por Messi y la pelota se desvió en Diney Borges para el 3-2 definitivo, registrado como gol en contra.
Detrás de esa resistencia estuvo, otra vez, Vozinha. El arquero de 40 años que juega en la segunda división de Portugal se despidió del Mundial con ocho atajadas, cuatro de ellas a remates de Messi. Fue el mismo hombre que había sostenido la valla ante España y Arabia Saudita en la fase de grupos, y el símbolo de una selección que hizo de la resistencia una identidad.
Una campaña que no encaja en el molde
Lo de Cabo Verde no fue un episodio suelto. El debutante cerró el torneo sin perder ninguno de sus partidos en los 90 minutos: tres empates en la fase de grupos, ante España, Uruguay y Arabia Saudita, y un 2-2 ante Argentina que solo se quebró en la prórroga. La única selección que pudo ganarle fue el campeón vigente, y necesitó 120 minutos y un gol en contra para hacerlo.
El proyecto se construyó con jugadores de la diáspora, repartidos por ligas de Europa, Estados Unidos y Medio Oriente, unidos por el origen de un país que se independizó de Portugal en 1975 y cuya federación llegó a FIFA recién en 1986. En el año 2000, Cabo Verde figuraba en el puesto 182 del ranking mundial. En 2026 terminó su primer Mundial peleándole a Messi hasta el último rincón del reglamento.
“Empatamos dos veces contra los campeones del mundo, lo llevamos al tiempo extra”, resumió Bubista, el técnico. “Más que nada, es estar orgullosos de nuestros jugadores, que fueron dignos en el Mundial. Mostramos nuestra identidad.” Del otro lado, Messi reconoció el esfuerzo propio con una frase que también describía al rival: “Compite. Y competimos hasta el final.”
Argentina avanza, con dudas incluidas
La Selección se metió en los octavos de final, donde la espera Egipto, que se clasificó tras eliminar a Australia por penales. Pero el 3-2 dejó más preguntas que certezas para el equipo de Scaloni, que necesitó dos veces recuperar una ventaja que se le escapaba ante un rival al que, sobre el papel, le sacaba varios cuerpos de distancia.
Para Cabo Verde, el viaje termina acá, pero termina de la manera que resume toda su historia mundialista: sin bajar los brazos ante nadie. El país más chico del torneo se va a casa habiendo obligado al campeón del mundo a jugar 120 minutos para sacárselo de encima.


