Irak ya tiene los nombres con los que afrontará su regreso a una Copa del Mundo después de cuatro décadas de ausencia. El entrenador Graham Arnold dio a conocer la lista definitiva de 26 futbolistas que viajarán a Estados Unidos para disputar el torneo. Los llamados Leones de la Mesopotamia volverán al escenario más importante del fútbol tras su única participación previa, en México 1986. La convocatoria mezcla la experiencia de la liga local con un grupo numeroso de jugadores formados en Europa. El plantel quedó en el Grupo I, uno de los más exigentes de la competencia. Allí compartirá zona con Francia, Senegal y Noruega.
La presentación de la lista cerró un proceso largo y cargado de tensión deportiva. Irak fue la última de las 48 selecciones en sellar su boleto al Mundial. Lo hizo en el repechaje intercontinental disputado en Monterrey, donde venció a Bolivia por 2 a 1. Aquel triunfo desató una celebración nacional que se extendió durante varios días. La nómina llegó tras una prelista de 34 nombres y una concentración previa en España. Arnold definió a sus elegidos y dejó afuera a algunos jugadores que habían tenido protagonismo en el camino clasificatorio. El cuerpo técnico ahora apunta directamente al debut mundialista.
Una selección acostumbrada a sufrir
El segundo Mundial de Irak llega rodeado de una mezcla de euforia y cautela. La clasificación se concretó cuando Aymen Hussein marcó el gol del 2 a 1 sobre Bolivia en Monterrey. Ese tanto convirtió a Irak en el equipo número 48 en sellar su pasaje. Fue el último país en lograrlo y el cierre de toda la eliminatoria mundial. Desde aquel momento, los jugadores pasaron a ser íconos nacionales. El gobierno los recibió como héroes y las calles los celebraron. Rompieron una sequía de cuarenta años sin participar de la cita más importante del fútbol.
El recorrido hacia el Mundial fue fiel al guión iraquí: un suplicio deportivo de principio a fin. La selección disputó veintiún partidos eliminatorios, la campaña más larga de cualquier participante del torneo. El técnico español Jesús Casas fue despedido tras dos derrotas seguidas frente a Kuwait y Palestina. Arnold asumió en mayo de 2025, con el equipo tercero en su grupo y el sueño escapándose. En el playoff asiático contra Emiratos Árabes Unidos, un penal de Amir Al-Ammari en el minuto 118 mantuvo viva la ilusión. Recién entonces apareció el cruce decisivo ante Bolivia, donde el equipo arrancó perdiendo. El boleto del regreso costó más de dos años de competencia.
Las condiciones extremas marcaron la previa del repechaje incluso por fuera del fútbol. Días antes del cruce, la participación iraquí no estaba confirmada del todo. El plantel debió atravesar parte de Medio Oriente por tierra, con el espacio aéreo cerrado y zonas del propio país bajo bombardeos. Recién en Turquía pudieron tomar un vuelo privado que depositó al grupo en México. Esa logística improbable resume el contexto en el que se mueve este equipo. La clasificación, entonces, fue mucho más que un resultado deportivo. Significó un símbolo para un país golpeado durante décadas por guerras externas e internas.
🇮🇶 ¡IRAK ANUNCIÓ SUS CONVOCADOS AL MUNDIAL!
— Nahuel Lanzón (@nahuelzn) June 1, 2026
Graham Arnold oficializó los 26 futbolistas que representarán a los Leones de la Mesopotamia en su segunda Copa del Mundo, cuarenta años después de su debut. pic.twitter.com/qJo4g0PAop
La comparación con 1986 ordena buena parte de esta historia. En aquel Mundial de México, Irak cayó por la mínima ante Paraguay, Bélgica y México. Contra los belgas, en el Azteca, Ahmed Radhi anotó el único gol iraquí en la historia de los Mundiales. Cuando aquel plantel volvió al país, fue torturado por orden de Uday Hussein, el hijo de Saddam, que manejaba el deporte del país y consideró el rendimiento una deshonra. Radhi, el mejor jugador de la historia iraquí, había sido secuestrado para formar parte de su proyecto personal, el Al-Rasheedi SC, junto a la mayoría de los jugadores. La diferencia con el presente es enorme. En 2026 el regreso se vivió con lágrimas de felicidad en las calles de Bagdad.
El fútbol iraquí cargó durante años con el peso de la guerra y la inestabilidad. Entre 2006 y 2010, los clubes históricos de Bagdad prácticamente desaparecieron del mapa. Estadios bombardeados y deportistas asesinados empujaron la actividad hacia el norte, en el Kurdistán. En medio de ese cuadro surgió la mayor hazaña del fútbol del país. En 2007, sin poder entrenar en su tierra, Irak ganó la Copa Asiática de Indonesia con un gol de Younis Mahmoud en la final ante Arabia Saudita. Aquel título unió por un rato a un país fracturado. Esa memoria todavía alimenta la identidad de la selección.
En la última década, Irak intentó reencontrarse con la gloria dentro de sus fronteras. El país construyó al menos diez estadios, encabezados por el Internacional de Basra. En enero de 2023 organizó la Copa del Golfo, su primer torneo internacional en cuarenta y cuatro años. La final ante Omán terminó 3 a 2 en tiempo extra, con sesenta mil espectadores en las tribunas. El triunfo se festejó casi como un campeonato del mundo. Ese antecedente reforzó la idea de un fútbol en recuperación. El Mundial 2026 aparece ahora como el escalón siguiente.
La figura de Aymen Hussein conecta el pasado con el presente. Su padre, oficial del Ejército, fue asesinado por Al-Qaeda en 2008. Su hermano, policía, fue secuestrado por ISIS en 2014 y continúa desaparecido. El delantero se formó en canchas de tierra de campos de refugiados hasta convertirse en goleador histórico de la selección. Su gol ante Bolivia fue además el último de toda la clasificación mundial. Ahmed Radhi, el héroe de 1986, murió en 2020 sin ver este regreso. En las celebraciones de Bagdad, su hijo estuvo junto al plantel.
Análisis táctico del XI y de la lista por posiciones
Graham Arnold llegó al cargo en mayo de 2025 casi por descarte. Había renunciado meses antes a la selección australiana tras un arranque sin victorias. La Federación Iraquí lo eligió después de despedir a Jesús Casas, con el Mundial en riesgo. El australiano trae un perfil distinto al de los técnicos de moda. Hizo carrera en el fútbol de su país antes de tomar a los Socceroos en 2018. Con Australia llegó a los octavos de final de Qatar 2022, donde cayó precisamente con Argentina. Esa idea de equipo aplicado e intenso fue la que llevó a Bagdad.
Su gestión estuvo marcada por una decisión poco habitual en selecciones de este nivel: mudarse a vivir a Bagdad durante ocho meses. En ese tiempo aprendió el contexto local, lo que significa el fútbol para el país y se ganó la confianza del vestuario. También impuso reglas estrictas, como prohibir el uso de redes sociales antes del repechaje. La medida buscaba que los jugadores no se distrajeran con la guerra que rodeaba su día a día. Quienes lo conocen lo describen como un obsesivo del detalle táctico y un gran gestor de hombres. El plantel lo respaldó en cada instancia eliminatoria. Esa cohesión se transformó en su mayor activo.
El sistema base de Irak es un 4-4-2 ordenado y compacto. La idea de juego resulta nítida: bloque bajo, distancias cortas entre líneas y poca ambición con la pelota. Contra Bolivia, los sudamericanos tuvieron el 55 por ciento de la posesión y dieciséis tiros de esquina, pero apenas pudieron romper esa estructura. Cuando recupera, el equipo busca tres caminos al gol. El primero es el pelotazo a Aymen Hussein, que con su 1,89 metro pelea todas las divididas. El segundo es el contragolpe lanzando a Ali Al-Hammadi al espacio.

La pelota parada aparece como la tercera y verdadera carta secreta del equipo. Amir Al-Ammari es un especialista en córners y tiros libres. El primer gol contra Bolivia nació de un córner suyo cabeceado por Al-Hammadi. Las estadísticas de la última Copa Asiática ya anticipaban este perfil ofensivo. Aymen Hussein anotó seis goles en aquel torneo, casi todos de cabeza, récord histórico iraquí en una sola edición. En cada centro, Irak suma tres o cuatro jugadores de más de 1,85 metros de altura. Esa fortaleza aérea es uno de sus argumentos más sólidos. Arnold trabaja esas jugadas con especial dedicación.
La debilidad del plantel es estructural y se nota al mirar la lista. Salvo casos puntuales, la mayoría juega en la liga local, en el Golfo o en clubes secundarios de Europa. Falta jerarquía de las grandes ligas y rodaje al ritmo de un Mundial. Cuando el rival presiona alto y lo obliga a salir jugando, Irak sufre. Si necesita generar juego interior para abrir defensas cerradas, también muestra fallas. Por eso Arnold cierra al equipo, lo achica y lo lleva al terreno físico. Allí la diferencia técnica del adversario pesa menos.
En la portería, el regreso del capitán Jalal Hassan reordena la jerarquía. El arquero se perdió el repechaje por una lesión, pero recuperado vuelve a ser el titular indiscutido. En su ausencia respondió Ahmed Basil, que cumplió ante Bolivia con buenas intervenciones. Fahad Talib completa el puesto como tercera opción de garantía.
La defensa de cuatro tendría a Zaid Tahseen y Akam Hashem en el eje central. Hussein Ali ocuparía el lateral derecho y Merchas Doski el izquierdo. La experiencia de Frans Putros y Rebin Sulaka aporta recambio en la última línea.
El mediocampo se sostiene sobre la dupla de volantes centrales. Al-Ammari funciona como cerebro y especialista en la pelota parada, mientras Aimar Sher aporta despliegue y equilibrio. Zidane Iqbal, formado en el Manchester United y hoy en el Utrecht, es la principal variante creativa. Kevin Yakob asoma como otra alternativa si el equipo necesita más juego.
Por los costados aparecen piernas y recorrido. Youssef Amyn pelea un lugar entre los extremos si llega bien físicamente. Ali Jasim ofrece desequilibrio, mientras Ibrahim Bayesh suma trabajo defensivo por la banda. Entre ellos dos se suelen disputar el otro sector de la cancha.
El ataque concentra las mayores esperanzas iraquíes. Aymen Hussein es la referencia de área y máximo goleador histórico de la selección. Ali Al-Hammadi aporta movilidad y velocidad como complemento del tanque. El delantero del Luton Town fue, además, el primer iraquí en jugar la Premier League en 2023. Mohanad Ali asoma como primera variante ofensiva desde el banco. Marko Farji y Ahmed Qasem completan el grupo de atacantes con perfil de extremos. La diáspora vuelve a marcar el plantel, con al menos diez jugadores nacidos o criados fuera del país. Esa mezcla define la identidad de este Irak.
El calendario del Grupo I no ofrece tregua. Irak debutará ante Noruega en Boston, con Erling Haaland y Martin Odegaard enfrente. Luego medirá a la Francia de Kylian Mbappé en Filadelfia y cerrará la fase contra Senegal en Toronto. El plan de Arnold será el mismo en los tres partidos: resistir, aprovechar una pelota parada y soñar con un golpe. El propio entrenador lo resumió con claridad al asegurar que su equipo no tiene nada que perder. El objetivo realista pasa por conseguir la primera victoria mundialista de su historia. Para un país que ya superó lo imposible, ese desafío deportivo aparece como el siguiente capítulo.
Lista de convocados
Arqueros
- Ahmed Basil Fadhil (29, Al-Shorta FC)
- Fahad Talib (31, Al-Talaba SC)
- Jalal Hassan (35, Al-Zawraa SC)
Defensores
- Zaid Tahseen (25, Pakhtakor Tashkent)
- Akam Hashem (27, Al-Zawraa SC)
- Manaf Younis (29, Al-Shorta SC)
- Frans Putros (32, Persib Bandung)
- Rebin Sulaka (34, Port FC)
- Merchas Doski (26, Viktoria Plzen)
- Ahmed Yahya (30, Al-Shorta SC)
- Hussein Ali (24, Pogon Szczecin)
- Mustafa Saadoon (25, Al-Shorta SC)
Mediocampistas
- Amir Al-Ammari (28, KS Cracovia)
- Zaid Ismail (24, Al-Talaba SC)
- Aimar Sher (23, Sarpsborg 08 FF)
- Zidane Iqbal (23, FC Utrecht)
- Kevin Yakob (25, Aarhus GF)
- Ibrahim Bayesh (26, Al-Dhafra SCC)
Delanteros
- Marko Farji (22, Venezia FC)
- Youssef Amyn (22, AEK Larnaka)
- Ali Jasim (22, Al-Najmah FC)
- Ahmed Qasem (22, Nashville SC)
- Ali Al-Hammadi (24, Luton Town)
- Mohanad Ali (25, Dibba Al-Fujairah SCC)
- Aymen Hussein (30, Al-Karma SC)
- Ali Yousif (30, Al-Talaba SC)


