Gianni Infantino retiró este viernes el proyecto FIFA Forward Enterprise, la filial comercial valuada en 20.000 millones de dólares que iba a ofrecer hasta un 20% de participación a inversores privados para levantar 4.200 millones. Lo comunicó a través de un texto atribuido al presidente de la FIFA, tres días después de haber anunciado el plan y a 50 días de la fecha límite que él mismo les había fijado a las 211 federaciones para votarlo. La marcha atrás llega 24 horas después de que las 55 federaciones de la UEFA votaran por unanimidad no jugar ninguna competencia de la FIFA mientras la propuesta siguiera en pie.
La última línea del comunicado no deja lugar a interpretaciones: “Por consiguiente, esta propuesta no seguirá adelante”. Lo que viene antes, en cambio, no reconoce ningún error. Infantino sostiene que el proyecto fue concebido para fortalecer a las asociaciones miembro “especialmente en aquellos países donde el apoyo es más necesario”, y explica el retiro con una fórmula que vale la pena leer despacio: “Habiendo escuchado atentamente todos los puntos de vista, se ha vuelto claro que el proyecto ha creado divisiones de una naturaleza tal que, más allá del nivel de apoyo que tenga, ya no responden al interés del objetivo planteado en primer lugar”. La frase “más allá del nivel de apoyo” hace todo el trabajo: el presidente de la FIFA deja abierta la idea de que podía ganar la votación igual y que se baja por el bien de la unidad.
Lo que ocurrió en las horas previas explica mejor la decisión que el comunicado. La madrugada del viernes, la FIFA todavía redoblaba la apuesta con un texto de aclaraciones en el que aseguraba que “nadie está vendiendo el fútbol”, culpaba a “reportes erróneos de los medios” por haber interrumpido la consulta y avisaba: “Vamos a proceder con este proceso de consulta”. Durante el día se le cayó el edificio encima. Renunció Carlos Cordeiro, su asesor senior, ex presidente de la federación estadounidense y representante de la FIFA ante el grupo de trabajo de la Casa Blanca para el Mundial, con una carta que define el plan como “un mal negocio para las asociaciones miembro de la FIFA, un mal negocio para el fútbol y un mal negocio para el futuro de largo plazo del juego”. Después habló Kevin Lamour, director de operaciones de la FIFA desde 2024, que le escribió a la agencia AP que el personal había sido “engañado” por la falta de apertura del presidente, que “es el proyecto de una sola persona” y que sus colegas merecían “algo mejor que desprecio e intimidación”. Lamour no renunció: cerró con un “si eso significa que pierdo mi trabajo, que así sea”.
La palabra que Infantino eligió para justificar el retiro tampoco es suya. Unas horas antes, la Confederación Asiática de Fútbol había publicado un comunicado sumándose al rechazo de Europa y la Concacaf en el que sostenía que, a la luz de “las divisiones sin precedentes que han surgido en todo el mundo del fútbol”, el proyecto “no puede, de manera realista, alcanzar el amplio consenso y la unidad necesarios para avanzar”, y que toda propuesta que ponga en riesgo “la unidad y el carácter universal de la Copa del Mundo debe ser reconsiderada”. La AFC le ofreció a Infantino una salida que no lo obligaba a admitir que la idea estaba mal, y él la tomó tal cual, con la misma palabra. Ese mismo viernes la Conmebol rompió su silencio de cuatro días con un pedido de aclaraciones y una frase que funcionó como titular en toda Sudamérica: “Primero está el fútbol”. La única confederación que nunca se opuso fue la CAF, que tenía previsto reunir a su Comité Ejecutivo la semana próxima para evaluar la propuesta y ahora se ahorra la definición.
Queda un frente abierto que casi nadie está mirando. La resolución que votó la UEFA el jueves tenía dos condiciones para levantar el boicot, no una: que la propuesta fuera “abandonada en su totalidad” y que la FIFA diera “garantías vinculantes de que nunca más abrirá su gobernanza o sus competencias a la propiedad privada”. El comunicado de Infantino cumple la primera y no dice una sola palabra sobre la segunda, así que hasta que Europa se pronuncie la decisión de no jugar ninguna competencia de la FIFA sigue formalmente vigente. El primer torneo del calendario que quedaría alcanzado es el Mundial Sub-20 femenino que Polonia organiza desde el 5 de septiembre. Infantino, mientras tanto, no dio ninguna señal de moverse de su cargo y ya confirmó que será candidato a la reelección en 2027.
El comunicado completo de la FIFA, traducido
Declaración atribuible al presidente de la FIFA
El proyecto FIFA Forward Enterprise fue concebido para dar una base sobre la cual seguir fortaleciendo a nuestras asociaciones miembro y a nuestro deporte en todo el mundo, especialmente en aquellos países donde el apoyo es más necesario. Y más aún, como dijimos desde el principio, para hacerlo solo si una mayoría de las asociaciones miembro de la FIFA lo apoyaba, y siempre sujeto a un proceso de consulta con ellas, con el Consejo de la FIFA, las confederaciones y los actores del fútbol en general.
Habiendo escuchado atentamente todos los puntos de vista, se ha vuelto claro que el proyecto ha creado divisiones de una naturaleza tal que, más allá del nivel de apoyo que tenga, ya no responden al interés del objetivo planteado en primer lugar.
Nuestro propósito siempre ha sido, y seguirá siendo, unir y mejorar.
Por consiguiente, esta propuesta no seguirá adelante.

