El ministro de Deportes iraní Ahmad Donyamali confirmó hoy en una entrevista que su país no participará del Mundial 2026. “Este gobierno corrupto asesinó a nuestro líder supremo, no tenemos condiciones para participar en” declaró.
La declaración fue publicada por Tabnak, medio estatal iraní. No habló el departamento de comunicaciones de la federación de fútbol, ni el seleccionador. Habló el gobierno iraní. Y las palabras no dejaron margen: los jugadores “no tienen seguridad garantizada”, el país fue víctima de dos guerras en nueve meses que causaron miles de muertes civiles, y participar en suelo estadounidense es inviable.
Horas antes, mediante un comunicado de la FIFA, Gianni Infantino comunicó que había hablado con Donald Trump para asegurar que la selección persa pueda participar. “Son bienvenidos”, le habría dicho el presidente de Estados Unidos al de la FIFA.
Irán tiene los 3 partidos del Grupo D en ciudades de EEUU: Los Ángeles (15 y 21 de junio) y Seattle (26 de junio). El debate inicial en la prensa internacional fue de logística migratoria: ¿les darían visa a los jugadores iraníes y al cuerpo técnico para entrar a EEUU? Esa discusión quedó chica rápidamente. El inicio de la guerra llevó la discusión a otro nivel.
Donyamali incluyó en su argumento un dato político adicional: según el ministro, EEUU presionó a Australia para intimidar al equipo femenino e inducir a las jugadoras a desertar. La referencia es directa a las 5 jugadoras de la selección femenina, Fatemeh Pasandideh, Zahra Ghanbari, Zahra Sarbali, Atefeh Ramazanzadeh y Mona Hamoudi, que pidieron asilo en Australia el 8 de marzo, horas después de quedar eliminadas de la Copa Asiática. Ya lo contamos acá.
Para el gobierno iraní, la historia no es que “jugadoras decidieron quedarse”. La historia es que EEUU operó activamente para sacarlas. Y si así lo ve el gobierno iraní, enviar la selección masculina al mismo país es, simbólicamente, impensable.
La frase más cargada de Donyamali apunta también a una “doble vara” que se le critica a la FIFA, especialmente con la sanción a Rusia, aliada de Irán: “Si cualquier otro país anfitrión cometiera ni la milésima parte de estas acciones, la comunidad internacional intervendría. Pero como es Estados Unidos el agresor, actúa impunemente.”
La FIFA hasta ahora no recibió ninguna solicitud formal de retiro. Técnicamente, Irán sigue adentro. Pero sin presencia formal del gobierno iraní en ninguna negociación, y con el ministro de Deportes hablando en nombre del Estado, la situación política es insostenible.
Si la baja se formaliza, la AFC tendría que designar un reemplazante. El candidato natural es Irak, el siguiente en la línea AFC: está a un partido de clasificar al Mundial, con el playoff del 31 de marzo en Monterrey frente al ganador de Bolivia-Surinam. En ese escenario, Irak entraría directamente al lugar de Irán sin necesidad de disputar el repechaje, y los Emiratos Árabes Unidos, a quienes Irak eliminó en la clasificatoria, pasarían a ocupar el lugar de Irak en el playoff.
El problema es que Irak tiene su propia crisis: el DT Graham Arnold lleva días varado en los Emiratos por el cierre del espacio aéreo, varios jugadores no consiguieron visa de ingreso a México, y la Federación Iraquí ya presentó ante FIFA un pedido formal para postergar el partido. FIFA llegó a proponer una ruta terrestre de 25 horas hasta Turquía para que el plantel pudiera embarcar desde allí. Arnold la rechazó por razones de seguridad. El detalle de ese laberinto logístico ya lo contamos acá.
El nudo central es el tiempo. Si Irán va a bajarse, FIFA necesita saberlo pronto: el playoff es el 31 de marzo, el Mundial arranca en junio, y reorganizar la participación de los posibles reemplazantes lleva semanas que ya no sobran. Cada día que pasa sin una definición formal de Irán es un día que Irak y UAE pierden para prepararse.
Por ahora, ninguno de los dos lados formalizó nada. Irán no presentó el retiro. FIFA no recibió la confirmación. Pero entre la garantía de Trump y la respuesta del ministro iraní, la distancia es exactamente la que hay entre Washington y Teherán.

