Portmore United figuraba como local ante Salcedo FC en el inicio de la Copa del Caribe 2026, pero terminó jugando a más de 1.800 kilómetros de Jamaica. El campeón de la liga jamaiquina debió trasladar a su delegación hasta Trinidad y Tobago porque el Estadio Nacional y Sabina Park, los únicos dos escenarios del país certificados por la Concacaf para esta competencia, no estaban disponibles el 4 de agosto.
La mudanza convirtió un partido de local en un viaje internacional para 30 personas. Garwin Tulloch, presidente de Portmore, estimó que solo los pasajes cuestan algo de US$31.700. Con alojamiento y otros gastos, la cifra puede superar los US$50.000, para disputar un solo encuentro.
El costo no evitó el perjuicio deportivo. Portmore perdió 2-1 ante Salcedo en el Hasely Crawford Stadium de Puerto España, en el debut de ambos clubes en el formato actual del torneo. Jamesley Daniel y Ányelo Gómez marcaron para el campeón dominicano; Javier Brown descontó para el equipo jamaiquino.
Dos estadios para sostener una ambición regional
El problema excede a Portmore. Jamaica tiene tres representantes en esta edición: también participan Cavalier y Mount Pleasant. Sin embargo, la infraestructura disponible no acompaña ese protagonismo. El Estadio Nacional es el único recinto aprobado diseñado específicamente para fútbol, mientras que Sabina Park funciona principalmente como cancha de cricket.
La limitación contrasta con Trinidad y Tobago y República Dominicana, países que cuentan con varias sedes futbolísticas aptas para recibir partidos regionales. Para los clubes jamaiquinos, cada indisponibilidad puede significar perder la recaudación, la localía y decenas de miles de dólares en un calendario que ya exige viajes por el Caribe.
El gasto que abre la puerta a la Champions Cup
Aun así, abandonar la Copa del Caribe tampoco aparece como una opción. Los dos finalistas y el ganador del partido por el tercer puesto clasifican a la Champions Cup 2027, y el campeón regional accede directamente a los octavos de final. Esa vidriera amplía la exposición de los jugadores y ofrece partidos contra clubes de mercados mucho más grandes.
Los resultados recientes alimentan la apuesta: equipos de Jamaica ganaron dos de las tres primeras ediciones, con Cavalier campeón en 2024 y Mount Pleasant en 2025. Tulloch contó que Portmore consideró un fracaso la temporada anterior pese a llegar a los cuartos de final de la liga local, porque no había conseguido la clasificación regional.
Así funciona la paradoja que enfrenta el fútbol de clubes jamaiquino. Competir puede demandar más de US$50.000 por viaje y hasta obligar a entregar la localía, pero quedar afuera significa perder la ruta hacia el principal torneo de clubes de la Concacaf. Mientras Jamaica no amplíe su red de estadios certificados, esa ambición seguirá financiándose con una estructura que no está preparada para sostenerla.


