La FIFA suspendió la sanción de un partido que pesaba sobre Folarin Balogun y lo habilitó para jugar los octavos de final del Mundial 2026 entre Estados Unidos y Bélgica, este lunes en Seattle. El delantero, goleador del anfitrión en el torneo, había sido expulsado ante Bosnia y su ausencia parecía un hecho hasta que el Comité Disciplinario decidió lo contrario.
Balogun vio la roja directa a los 64 minutos del 2-0 sobre Bosnia y Herzegovina, el 1 de julio, tras una revisión del VAR. La jugada, un pisotón sobre el tobillo del defensor Tarik Muharemovic, fue calificada como “juego brusco grave”, una falta que arrastra suspensión automática. Con esa lógica, el atacante de 25 años se perdía el cruce más importante del ciclo.
La salida llegó por el artículo 27 del Código Disciplinario. Esa figura permite al órgano judicial suspender de forma total o parcial una medida disciplinaria de campo y aplicar en su lugar un período de prueba. En los hechos, la roja sigue en el registro de Balogun, pero la sanción queda en pausa durante un año. Si comete una infracción similar en ese lapso, la suspensión se reactiva de inmediato y se suma a cualquier nueva pena.
El factor Trump
Lo que convierte una resolución técnica en un caso político es el entorno. Según el medio británico GiveMeSport, la Casa Blanca hizo un llamado directo a la FIFA para pedirle a Gianni Infantino que revisara la expulsión. Fuentes del organismo respondieron que esa presión no podía influir en la decisión por el carácter independiente del panel y por los alcances del propio artículo 27.
La independencia quedó en duda ni bien se conoció el fallo. Donald Trump lo festejó en Truth Social: “Gracias a la FIFA por hacer lo correcto y revertir una gran injusticia”. El secretario de Estado, Marco Rubio, había opinado antes que a la selección estadounidense “la trataron injustamente por esa roja”. La secuencia, con el presidente del país anfitrión celebrando una decisión que beneficia a su seleccionado, reavivó las viejas acusaciones de favoritismo contra la FIFA.
El vínculo entre Infantino y Trump alimenta las sospechas. El dirigente le entregó al mandatario el “FIFA Peace Prize”, un premio que él mismo creó, rompió el protocolo para dejarlo participar de la entrega del trofeo en la final del Mundial de Clubes y se lo vio con una gorra con la inscripción “45-47”, en referencia a los dos mandatos de Trump.
Un precedente que la FIFA puede exhibir
Puertas adentro, el organismo tiene con qué defenderse. En la clasificación al Mundial, Cristiano Ronaldo recibió tres partidos de sanción que también le fueron suspendidos por la vía del artículo 27, lo que lo dejó disponible para el inicio del torneo. El antecedente sirve para sostener que la herramienta no se inventó para Balogun y que ya se había usado en un caso de alto perfil.
El argumento, de todos modos, no despeja el ruido político alrededor de este fallo puntual. Estados Unidos recupera a su goleador para enfrentar a una de las candidatas, mientras la pregunta sobre cuánto pesó la presión externa queda abierta a pocas horas del partido en Seattle.

