Canadá venció 1-0 a Sudáfrica este domingo y, por primera vez en su historia, se metió en los octavos de final de un Mundial. El gol llegó cuando el partido se moría: en el minuto 90+2, el capitán Stephen Eustáquio controló un rechace en el borde del área y soltó un derechazo ajustado al palo derecho de Ronwen Williams. Fue el primer partido de los 16avos de final del Mundial 2026 y dejó al anfitrión entre los 16 mejores del torneo que organiza.
Para dimensionar lo que significa, hay que mirar el pasado reciente. Hasta este 2026, Canadá nunca había ganado un partido en una Copa del Mundo. En su debut mundialista de 1986 se fue sin sumar, y en su regreso en 2022, tras 36 años de ausencia, volvió a perder los tres partidos. La fase de grupos de este Mundial ya había sido una seguidilla de primeras veces: el primer punto (1-1 ante Bosnia, con gol de Cyle Larin) y la primera victoria (goleada a Qatar con triplete de Jonathan David). El triunfo ante Sudáfrica suma otra: la primera en una instancia eliminatoria.
El partido, sin embargo, estuvo lejos de ser cómodo. Canadá dominó la posesión y generó las situaciones más claras, con Alphonso Davies y Jonathan David como principales amenazas, pero se topó una y otra vez con Williams. El arquero y capitán sudafricano sostuvo a su equipo con varias atajadas y dos salvadas casi sobre la línea en el primer tiempo. Sudáfrica, lejos de meterse atrás a aguantar, compitió de igual a igual y dejó la sensación de haber merecido algo más que la eliminación.
El golpe de un capitán nacido para este momento
Que el gol lo marcara Eustáquio no es casualidad. El volante del Porto, nacido en Canadá y formado en Portugal, es el cerebro del mediocampo y el líder de un grupo que cambió la historia de su selección en menos de una década. Su remate sobre la hora resolvió el partido más importante que jugó Canadá y lo hizo en el rol que mejor le cabe: el del capitán que aparece cuando el equipo más lo necesita.
Lo que viene
La recompensa es un cruce de octavos contra el ganador del duelo entre Países Bajos y Marruecos, que se jugará el 4 de julio en Houston. Sea cual sea el rival, Canadá llegará con una certeza que hace cuatro años parecía impensada: ya no es la selección que va a un Mundial a hacer experiencia, sino una que puede ganar partidos eliminatorios y soñar con seguir avanzando como local.


